Nelson "Nelsito" Castro: "La Bestia del Zulia"



“La noche desciende emulando estrellas rojas,
sangrientas así por cada óbito mortal...”

Poema escrito por Nelson Castro tras su huida


Nelson Andrés Castro Padrón, a quien siempre llamaron “Nelsito”, nació en 1990 en Maracaibo, Estado de Zulia (Venezuela). Tuvo una infancia feliz, aunque sus padres estaban divorciados. Hermano menor de dos hijos, tuvo todo lo necesario gracias a su madre, Miriam Francisca Padrón, quien desde muy joven trabajó como azafata. Su padre, Nelson Castro, también estuvo siempre cerca de su hijo. Ya en su adolescencia, Nelson se aficionó al alcohol. Se la pasaba borracho y comenzó a descuidar los estudios. Le gustaba vagar por las calles, realizar pequeños hurtos y vivir sin responsabilidades. A los catorce años, se unió a una secta satánica conocida como “Los Cacri”, que se fundó en Caracas y cuyo lema era pueril: "Odio a Dios, odio a la patria y odio a la familia". Nelson tomó muy en serio su filiación satanista y se dedicó a planear una manera de complacer a Satanás. Miriam estaba muy preocupada por el comportamiento de su hijo. Había hecho los trámites necesarios para que estudiara en un internado de la zona norte de Maracaibo. Nelson se resistía a aceptar la propuesta de su madre y ella se mostraba confundida. Para ella, los amigos de Nelson, en la urbanización El Naranjal, eran una pésima compañía para el muchacho. Andaba desesperada porque a causa de su trabajo no podía vigilar los pasos de Nelson. Tan preocupada vivía, que lo había enviado a Caracas, a la casa de sus hermanas, durante una temporada. "Mi hijo se me está saliendo de las manos", le confesó Miriam a una amiga. Pasaría una semana antes de que aquella afirmación quedara plenamente comprobada.



Miriam Padrón


El jueves 10 de agosto de 2005, en el edificio Tacarica II de la avenida 10 con calle 73, Nelson Castro tomó su decisión. Descolgó el teléfono, marcó un número y alguien levantó el auricular del otro lado, sin decir nada. Nelson dijo: “Alejandro, voy a matar a mi mamá”. Después colgó sin que hubiera respuesta del otro lado. Capturó una paloma a la que, aún viva, le arrancó los ojos y le sacó las vísceras. Luego la metió en un sobre de papel manila, que colocó sobre una repisa, en la cual tenía un altar dedicado a Satanás y otras figuras malignas de la religión católica. Colocó fotos de un amigo suyo y retratos de su madre junto con ropa interior femenina manchada de sangre menstrual. Tomó también un muñeco de peluche con la forma de un gorila, le ató las manos y los pies con un cordel, y le clavó docenas de alfileres. Allí también puso un cuaderno con textos escritos en latín. Remató el cuadro con un cuenco lleno de sangre de cerdo.



Algunos de los objetos encontrados en la escena del crimen


En otro sitio de la ciudad, Lisseth del Valle Quintero Jiménez se había despedido de su compañera Howmarlyn González, en la sede de la universidad Rafael Belloso Chacín, junto a la Plaza de Toros. "Serían como las ocho de la noche cuando se despidió, ya que iba a estudiar para un último examen que tenía pendiente", recordó Howmarlyn. "Si de repente ella se hubiera quedado con nosotros en la universidad, todo esto no habría ocurrido. Pero a ella no le gustaba perder tiempo, le encantaba estudiar", aseguró su amiga. "Me siento muy mal". Lisseth era una chica de veintitrés años, que trabajaba con Miriam Padrón, ayudándola con algunas tareas domésticas. Tras salir de la escuela, se dirigió al edificio donde Miriam y Nelson vivían, sin sospechar siquiera lo que estaba por ocurrir.






Lisseth del Valle Quintero Jiménez, poco antes de su muerte


Cuando llegó su madre, Nelson esperó a que estuviera en su recámara, recostada; ella leía un libro cuando su hijo entró. Ni siquiera medió discusión alguna: Nelson lanzó un grito ritual, se le fue encima con un cuchillo y se lo clavó en el estómago. La mujer intentó protegerse dándose la vuelta sobre su estómago, pero Nelson se subió a la cama, la rodeó con sus piernas y siguió apuñalándola. Hundió el acero treinta y siete veces, dos de ellas en el rostro de su madre. Cuando al fin se detuvo, la sangre manchaba la cama, el libro, la duela, el buró y las paredes. Nelson se levantó y se dirigió a su cuarto, para buscar ropa limpia.



El cadáver de Miriam Padrón


Pero su madre estaba viva. Herida de muerte, Miriam aún logró caminar hasta el teléfono que había en un pasillo. Sus huellas quedaron en el cable y el auricular. Nunca se supo si logró o no comunicarse con alguien. Luego, increíblemente, regresó a la habitación y se tendió en su cama para morir. Tenía apenas cincuenta y tres años. Mientras tanto, Nelson se metió al baño y comenzó a ducharse. Se bañó para quitarse la sangre y los restos de carne y vísceras que tenía por todos lados: los brazos, la cara, las manos.



En ese momento, Lisseth llegó a la casa. Entró y se encontró con un cuadro aterrador: Miriam estaba muerta, destrozada sobre su cama, y la sangre empapaba el departamento. Presa del pánico, comenzó a gritar mientras tomaba sus llaves. Se dirigió a la puerta de salida, pero Nelson la alcanzó; había escuchado sus gritos y salió corriendo, desnudo, de la ducha. La tomó de los cabellos y le dio un empujón tremendo. Lisseth intentó defenderse, pero Nelson, poseído de un extraño frenesí, le dio un fuerte golpe en el maxilar. Lisseth quedó aturdida y eso fue suficiente para que pudiera completar su macabra tarea. Nelson utilizó en ella el mismo cuchillo con el que había matado a su madre; lo hizo hasta que este estaba tan resbaladizo a causa de la sangre, que fue a buscar otra cosa. Tomó una daga y unas tijeras, y con ellas le cortó a Lisseth la garganta. Le clavó la daga en los ojos. Fueron treinta y tres puñaladas. La joven no tardó mucho en morir. Cuando se aseguró de que estaba muerta, Nelson le cortó los jeans, de abajo hacia arriba, le quitó la blusa y le corrió el brassier para dejarla desnuda. Él mismo estaba sin ropa, así que comenzó a poseer el cadáver de la joven; siempre la había deseado, y la necrofilia era también un buen tributo para el Señor de la Oscuridad.



El cadáver de Lisseth Quintero


Cuando terminó, Nelson colocó a Lisseth con las piernas abiertas y los brazos extendidos, formando una estrella de cinco puntas, incluida su cabeza: era el pentagrama, un símbolo de la cabeza del macho cabrío, usada para representar al demonio. En sus manos, la chica aún tenía sus llaves. En el automóvil gris de Miriam, la policía encontró cuatro pantaletas y un bikini impregnados de sangre. Extrañamente, el bikini no pertenecía a ninguna de las dos mujeres.



Nelson se bañó de nuevo y después se vistió. Tomó una mochila, puso en ella varias cosas, agarró su cartera y se alistó para marcharse. Pero antes hizo una segunda llamada telefónica: “Alejandro, ya maté a mi mamá”, dijo desde el teléfono del departamento a su siempre callado interlocutor. "Ojo con esto, porque ahora serán realizadas muchas detenciones para buscar supuestos culpables". Después colgó. ¿Quién era “Alejandro”, el misterioso interlocutor que recibió las dos llamadas esa noche? La policía no pudo localizar el número que Nelson marcó, pero las dos llamadas quedaron grabadas en la contestadora. Es un hecho que hubo alguien del otro lado del teléfono, que escuchó atentamente las palabras de Nelson en las dos ocasiones, sin decir absolutamente nada. Pero la identidad de aquel extraño personaje nunca fue esclarecida, y Nelson se negó a hablar del asunto.



Tras la llamada, Nelson visitó el cementerio El Cuadrado. Fue el primer punto: el joven asesino inició una vertiginosa travesía que se extendió durante setenta y dos horas, supuestamente para esconderse de las autoridades. Tiempo después, el periódico venezolano Panorama reconstruyó hora a hora el itinerario de Nelson, visitando todos los sitios por donde él supuestamente pasó y hablando con las personas que lo vieron en su periplo. Fue a dos hospitales, a una farmacia, a La Redoma y de allí a una casa en la calle 2 del barrio 14 de Julio. La policía estaba tras de él y Nelson lo sabía; cuando se cansó de huir, se detuvo. Los agentes lo capturaron el domingo, tres días después del crimen, en el sector de San Isidro, en Maracaibo. No opuso resistencia. Mientras huía, Nelson escribió un extraño poema, que guardó en la mochila que lo acompañó durante su huida. Lo tituló “Los tiempos sin luz”:

“La piel del ocaso roza el huerto del numen,
se posa como escapulario en la ciudad
la hombría capital se vuelve delincuente
y despoja su brillo, entra en negro mar
la noche desciende emulando estrellas rojas,
sangrientas así por cada óbito mortal...”




Nelson atribuyó la responsabilidad del doble crimen "al Diablo"; el escándalo fue tan grande, que incluso llevó a la Conferencia Episcopal de Venezuela a anunciar que revisaría la presencia de sectas satánicas en el país. "El diablo pudo más que yo", confesó el joven al periódico Panorama, luego de ser capturado. Familiares y amigos de Liseth Quintero Jiménez acudieron a su sepelio en Cabimas.






Miriam fue velada en la funeraria San Alfonso, en el sector Santa María. Como tributo a su memoria fue vestida con el traje que ella tanto quiso: el de azafata, con el que surcó los cielos de Venezuela durante los veinte años que ejerció su profesión. Sus familiares vivían un dramático duelo, mientras seguían enterándose de los brutales detalles que rodearon el asesinato. El joven fue juzgado y condenado. Nelson Castro ingresó al reclusorio en agosto de 2005. Su padre pagó la mejor defensa para liberar a su hijo de la cárcel, pero no lo consiguió. “Nelsito, la Bestia de Zulia”, como la prensa ya lo llamaba, permanecería tras las rejas tres años y seis meses.



Los titulares (click en la imagen para ampliar)


Yolenis Acosta, directora del albergue Cañada I, donde “Nelsito” estuvo recluido, se dejó seducir por la extraña personalidad del joven asesino. Al ser entrevistada años después acerca de Nelson, la funcionaria declararía a los periódicos: “Nelson, al igual que muchos de los adolescentes que están pagando condena, no está preparados para enfrentarse a la sociedad que dejó hace tanto tiempo, especialmente en su caso, tan conocido y repudiado, pero es innegable la transformación del muchacho. El primer año de Nelson dentro del albergue fue muy difícil. Todos le temían, los demás muchachos y sobre todo sus representantes, pedían que lo mantuvieran lejos de los demás. Le decomisamos muchos libros de filosofía y psicología. Le encanta leer, pero no eran los contenidos más adecuados para su edad. Fue complicado sacarlo de su aislamiento. En una oportunidad dijo que extrañaba mucho a su madre. También inició su acercamiento con el padre. El señor comenzó a llamarlo y a visitarlo más.



“Nelson siempre fue visitado por su tía Zaida Padrón, hermana de Miriam. A él le encanta comer pescado, una vez le pidió a su tía que le trajera una cazuela de mariscos. La familia vino de visita y preparó ese plato, en nuestra cocina, para todos los muchachos. Fue una de las primeras veces que él compartió con todos. Los fines de semana fueron muy importantes para Nelson porque se reunía con un grupo de evangélicos para conversar acerca de su culto. Con ellos llegaba su novia, que también pertenece a la congregación cristiana. Se convirtió en un facilitador. Es muy inteligente, experto con las letras y los idiomas; se transformó en el ejemplo de muchos en el albergue”.



Sin embargo, su actitud cambió el 2 de diciembre de 2007, cuando se celebró una audiencia e increíblemente las autoridades le otorgaron el beneficio de “libertad bajo responsabilidad”, pero ninguno de sus familiares se responsabilizó por él. “Cayó en una gran depresión. Lloraba constantemente”, dijo su admiradora. Nelson llamaba por teléfono a su padre y le rogaba: “Papá, di que me quieres así sea mentira, dame la oportunidad de salir de aquí”. Otra de las frustraciones del criminal fue la relación con su hermano. “En su proceso de curación se le permitió hacer llamadas a los Estados Unidos para tratar de hablar con su hermano Michael, quien nunca lo perdonó”, dijo Yolenis Acosta.



En dos oportunidades, Nelson presentó todos los requisitos para recibir un beneficio libertario. La defensa consignó varios informes redactados por el equipo multidisciplinario que lo trató en La Cañada I, que aseguraban que su conducta era intachable. El 17 de noviembre de 2008, tras diez horas de deliberaciones, la jueza Hizallana Marín de Hernández, titular del Juzgado Primero de Primera Instancia en Función de Ejecución del Adolescente, finalmente tomó una decisión que le permitió a Nelson recobrar la libertad: recibió el beneficio de libertad asistida, contemplado en el artículo 626 de la Ley Orgánica para la Protección del Niño y Adolescente. Tenía dieciocho años de edad. El matricida abandonó la sede del Palacio de Justicia (ubicado en el centro de Maracaibo) en compañía de su padre, quien en adelante tandría que hacerse cargo de él. Ambos subieron, a las 19:45 horas, a una camioneta Hyundai verde.



El traslado


Al enterarse de la liberación del asesino de su hija, Efrén Quintero, el padre de Lisseth, declaró a los medios: “No tengo palabras para decir lo que estoy sintiendo, tan sólo tres años y seis meses para una persona que mató a su madre y a mi pobre hija, esto lo que demuestra es que en nuestro país no hay justicia. Yo no sabía nada, me enteré en la tarde cuando una periodista me lo dijo, mi abogado tampoco estaba presente, esto es algo increíble, pero es la justicia que tenemos. Todo lo que pase de aquí en adelante se lo dejó a Dios. Es muy grande el dolor al tener la certeza de que no volveré a ver sonreír a mi hija y que ese muchacho ya está en la calle. Confió en la justicia divina, pero la de los hombres debió ser más contundente”.



Efrén Quintero, padre de Lisseth


Nelson Castro, como tantos otros asesinos, aseguró que se había vuelto cristiano y que Jesús lo había alejado del Mal. Adoptó la religión evangélica dentro del Centro de Formación Integral, siendo La Biblia su única compañera dentro del reformatorio durante sus años de reclusión. En oportunidades anteriores, aseguró que de conseguir la libertad cambiaría de identidad, pues sería la única forma de no conservar el estigma social que lo perseguiría a todos lados.






Los cristianos que apoyan al asesino


La primera noche en libertad, Nelson y su padre la pasaron conversando. El padre declararía a los medios días después: “Estoy orgulloso del cambio que experimentó mi hijo. Es otra persona, entregada a su misión de ayudar a otros jóvenes que han pasado por situaciones negativas, como la de él y su madre”. Lo primero que hizo Nelson fue ir al cementerio. Allí, escribió en un pedazo de mármol que dejó sobre la tumba donde están los restos de su madre la siguiente frase: “Perdóname. Me arrepiento de todo, mamá. Todo será enmendado con lágrimas de gozo. Tu hijo, Nelson Andrés”.



La tumba de la madre de Nelson, con el recado manuscrito del matricida


Mientras “Nelsito” escribía, su padre llamó por teléfono al papá de Lisseth. Efrén Quintero le respondió: “Le pido a usted que se cuide. Cuide mucho a ese muchacho y llévelo por el camino del bien. ¡Ojalá y nunca vuelva a pecar!”



Efrén Quintero hablando por teléfono con el padre del asesino de su hija


Nelson siempre le repetía a sus compañeros de prisión, que el mundo conocía el 20% de la historia de cómo y por qué mató a su madre. “El otro 80% lo voy a revelar en mi libro”, afirmaba, mientras presumía de sus asesinatos ante un trabajador del Centro de Diagnóstico y Tratamiento La Cañada I. “Desde hacía mucho tiempo, el muchacho tenía planes de qué iba a ser de su vida cuando saliera del albergue. Tenía contabilizado hasta cuánto tendría que gastar en la edición del libro. Siempre ha sido muy calculador e inteligente”, declaró el trabajador tiempo después. El hombre contó que, en una de esas noches de desvelo en las que Nelson debía ser vigilado, el joven asesino le confesó que tenía guardada una importante cantidad de dólares. “No me dieron la herencia y, aunque soy un chamo, nadie tiene por qué manejar mi dinero. Mi mamá cada vez que viajaba traía dólares y los guardaba. Ese dinero guardado ahora se convirtió en mucho dinero y es mío”.



“A veces, le pedía a su tía que le trajera carne, alguna hamburguesa o un plato que no era servido en el albergue de La Cañada. También hablaba de muchachas y de una novia que tenía antes de matar a su mamá. La única habitación que siempre estaba limpia y ordenada era la de Nelson. Se levantaba a la misma hora, excepto cuando estaba sumido en algún proceso de depresión, era de buen comer y vestía impecable. En su casillero nunca faltaba la gelatina, talco, un buen jabón, su perfume y una crema para el cuerpo. Los primeros meses estuvo muy aislado, no demostraba odio, amor o angustia, pero, con el paso del tiempo, se evidenció su peor temor, que lo tomaran desprevenido y le hicieran daño.



“No hablaba con extraños, no se acercaba a las rejas y cuando hablaba de su vida fuera del albergue hacía mención del miedo que le daba que lo reconocieran en la calle. Siempre fue muy selectivo con la gente que se le acercaba. Era desconfiado y analizaba a todos. Sólo compartía con las personas que, a toda prueba, no representarían ningún peligro para él. Él decía que observando podría descifrar las intenciones de cualquiera que quisiera acercarse por interés o para hacerle algún daño. ‘Nelsito’ no tenía pudor en contar cómo mató a su mamá y a Lisseth. Parecía no sentir remordimiento, pero, de pronto, comentaba que la extrañaba. Recuerdo una vez que detalló que la muerte de la muchacha fue un error. ‘Si no me hubiese tardado tanto lavándome la sangre de mi mamá y la mía, en el baño, Lisseth no hubiese muerto. Llegó cuando salía de bañarme y vio todo’", dijo el informante.



La fiscalía no se conformó con que aquella historia tuviera un final feliz para el asesino. A principios de 2009, el Ministerio Público consideró que el Tribunal de Ejecución no tomó en cuenta elementos fundamentales para que se mantuviera la privación de libertad contra el joven. Entre esas razones se encuentran el no valorar el diagnóstico de ideas paranoides y trastorno disociado severo, no haber verificado la existencia de un apoyo familiar consolidado, no valorar la gravedad del hecho cometido (homicidio calificado contra dos mujeres), ni siquiera haber establecido la prohibición de acercarse al padre de la víctima, quien se ha visto amenazado y abordado por familiares del sancionado, sin siquiera tomar en cuenta esta opinión, por lo que no hubo lo que en derecho se denomina trato igualitario de las partes.



En ese sentido, la Corte de Apelaciones, Sección Adolescentes del estado Zulia, una vez evaluados los argumentos esgrimidos por el Ministerio Público, declaró a lugar la apelación; anuló la decisión del Tribunal de Ejecución; decidió que sea otro Juzgado el que conozca de la revisión de la causa; revocó la libertad asistida a favor del joven y ordenó su reclusión en el centro de formación integral Cañada I en Maracaibo. Como resultado, Nelson Castro tuvo que regresar a prisión, siempre apoyado por los grupos cristianos que incluso llegaron a declarar: “Él debe estar en la calle, porque lo que hizo fue el camino que Dios le puso para que pudiera llegar hasta el Señor. Nelson es un ser de luz. Lo necesitamos afuera de prisión para que siga haciendo el Bien”.





BIBLIOGRAFÍA:

Diego Santoy Riveroll: "El Asesino de Cumbres"



“Tú estrangulaste a tu hermanita, acuchillaste a tu hermano… ¿Qué sentías mientras le encajabas el cuchillo en la espalda y el cuello?”
Diego Santoy frente a Erika Peña Coss durante un careo


Diego Daniel Santoy Riveroll nació en la ciudad de Monterrey, Nuevo León (México) en 1985, hijo de José Manuel Santoy y María Eugenia Riveroll. Siempre fue un buen hijo y un buen hermano, su conducta en la escuela nunca dio motivos de queja y sus amigos lo conocían por ser un buen tipo. Sobre sus días de niñez, declararía: “La mayoría de mis recuerdos de la infancia son muy alegres, son bellos y los atesoro con mucha envidia, algunos son confusos e incoherentes, pero el que más aprecio es el más viejo de todos. Hay una canción de un ex integrante del grupo inglés The Beatles, de nombre George Harrison, llamada ‘I got my mind set on you’ que me transporta a mis días de cuna, y cada vez que la escucho me produce una nostalgia increíble, me hace recordar cómo era mi habitación, la manera en que me aferraba a los barrotes de la cuna para poder pararme y ver el video de esa canción. Sé que parece imposible, pero lo recuerdo todo de una manera tan detallada...”



Diego Santoy Riveroll


En agosto de 2005, un estudio realizado en la Universidad Autónoma de Nuevo León cuando Diego ingresó a la Facultad de Ingeniería Mecánica y Eléctrica donde tenía pensado hacer su carrera profesional, reveló que poseía un coeficiente intelectual de 122 puntos, lo que lo ubicaba en un rango superior; una persona con altos recursos intelectuales, con capacidad de procesar conceptos derivados de las experiencias del medio para encontrar soluciones brillantes y efectivas.



Diego Santoy conoció a Erika Peña Coss y León en una discoteca donde se celebraba una fiesta de Quince Años de una amiga mutua. De inmediato se gustaron y comenzaron a salir. Al poco tiempo eran novios. Según sus amigos, Diego estaba muy enamorado de Erika. Ella era hija de Gonzalo Peña y de Teresa Coss, quien en sus inicios era la encargada de leer los horóscopos en el programa Con Clase del Canal 12 de televisión.



Teresa Coss, la suegra de Diego Santoy







Tiempo después, Teresa Coss ya era una conocida conductora de televisión relacionada sentimentalmente con el empresario Enrique Lankenau, dueño de la Empresa Multimedios, a quien pertenecían el periódico Milenio, MM Cinemas y Cablevisión. Erika Peña tenía una hermana: Azura, casi de su misma edad; y dos medios hermanos con quienes sostenía una relación tirante: Erik Azur de siete años de edad; y María Fernanda, de tres años.



Erika Peña Coss y León, la novia de Diego Santoy


El noviazgo de Erika y Diego duró dos años. Con el tiempo, la difícil personalidad de Erika hizo que la relación con Diego Santoy terminara. Él seguía muy enamorado de ella, pero también daba muestras de un grave desorden de personalidad. Durante varios días insistió para que regresaran, pero Erika se negó. A partir de ese momento, Diego y Erika contarían versiones muy diferentes sobre la trágica cadena de eventos que se desencadenarían poco después.



Erika Peña y Diego Santoy durante su noviazgo


Acerca de su propia familia, Diego Santoy comentaría: “Somos una familia unida, en las buenas y en las malas, siempre procuraron mi bienestar, me han inculcado valores, son una fuente de buenos consejos y sabiduría. Les admiro su valor, su coraje, su determinación para sacarnos adelante en estos tiempos tan difíciles. Soy muy joven todavía. Hay muchas cosas que no he tenido la oportunidad de experimentar.



“No creo tener tantos momentos claves que me definan como persona. Sobre Erika… todo me agradaba, su forma de ser, su forma de ver la vida, tal vez no le encontré defectos porque no los buscaba, la veía con ojos de enamorado y para mí ella era perfecta. Sí, teníamos nuestros desacuerdos, pero en toda relación hay altas y bajas, momentos difíciles que te hacen apreciar los buenos, como todo en la vida.



María Eugenia Riveroll


“La familia de Erika era muy distinta a la mía, pero estoy consciente de que no todas las familias son iguales. Había muy poca comunicación entre ellos, muchos conflictos, se delegaban tareas y responsabilidades. El padre se desentendía por completo de las necesidades de ellos y la madre siempre estaba ausente por motivos de trabajo y de viajes. Lo que más me desagradaba era su forma de gritarse unos a otros, me hacía sentir muy incómodo estar presente durante sus discusiones. El momento más agradable fue cuando me hicieron sentir aceptado, me invitaron a celebrar el cumpleaños de la señora Tere, fue una comida en ‘El Rey del Cabrito’ y estuvieron presentes sus hijos, el novio de la señora Tere y yo. La honestidad es uno de los valores que siento que se ha perdido. Es muy difícil en un mundo lleno de mentiras. La violencia se ha convertido en algo normal, una forma de vida, algo cotidiano. Lo que nos asustaba hace cinco años ahora sólo llama la atención, y no creo que sea correcto que conviertan la violencia en espectáculo”.



En sus declaraciones, Diego Santoy Riveroll afirmaría que mantenía relaciones sexuales con Erika desde dos años atrás y que era frecuente que se quedara en la recámara de su ex novia. "Estábamos teniendo relaciones sexuales en su cuarto, a cualquier hora, era cuando iba a visitarla. Nos llevábamos muy bien, yo la quería mucho, teníamos discusiones tranquilas, nada acelerado, salíamos a fiestas, al cine, a cenar, rentábamos películas, nos quedábamos en su casa, más que nada cosas tranquilas, nunca la golpeé ni la maltraté de ninguna forma. Terminamos nuestro noviazgo el 27 de enero porque en una relación sexual no me quité cuando debía y dijo que ya no podía confiar en mí. Recientemente una amiga de ella había quedado embarazada y abortó, y tenía mucho miedo de que le pasara lo mismo, ése fue el motivo de que terminara nuestra relación".



También afirmaría otra cosa: “También sostuve relaciones sexuales con la madre de Erika, Teresa Coss. Me decía al oído que la acompañara al baño. Yo nunca me negué porque después de la primera vez, me daba miedo decirle que no. Sentía que la señora le iba a decir algo a Erika y que las cosas no resultarían muy bien. Cuando estábamos juntos la señora me decía que no me preocupara por Erika, que ella no se iba a enterar".



Teresa Coss


Sobre los hermanos de su novia, los niños Erik y María Fernanda, Diego Santoy declaró: "Yo los quería mucho, jugaba con ellos, me gustaba mucho jugar. En el caso de Erik me daba mucha pena por la forma en que lo trataban en su casa, siendo puras niñas ninguna de ellas jugaba con él y su papá se desentendía de él, entonces yo me sentaba a jugar X-Box con él". Sobre el padre de Erika, Gonzalo Peña, Diego Santoy lanzó otra afirmación extraña y desconcertante: "En una ocasión, en la Navidad de 2004, hubo una cena en el Holiday Inn, en un salón, y durante la cena el señor Peña prendió un cigarrillo de marihuana y me ofreció. Hubo una discusión entre la señora Teresa Coss y el señor por ese motivo".



La Licencia de Conducir de Erika


En una transmisión que se televisaría tiempo después, Erika Peña afirmaría haber terminado su relación sentimental con Diego Santoy, ya que éste era muy celoso y tenía comportamientos muy extraños, narrando además los pormenores del último día en que tuvo contacto con su agresor. Según Erika, Diego intentó regresar de nueva cuenta con ella, por lo que salieron en dos o tres ocasiones, durante las cuáles ella le comentó que ya no iban a regresar jamás. Diego Santoy le dijo: "Te voy a pedir, Erika, que salgas conmigo el catorce de febrero, y ya no me vuelves a ver en tu vida", a lo que ella le respondió: "Perfecto, vamos a cenar el catorce de febrero". Ese día lo pasaron muy bien, pero ella le dijo muy claro que no habían vuelto. "Ya no éramos novios, ya no éramos nada".



Erika con su padre


Todo comenzó el miércoles 1 de marzo de 2006 a las 19:30 horas. Diego llamó por teléfono a su amigo Humberto Leal Molina para invitarlo a cenar a su casa, ubicada en Misión San Jorge nº 5296, Colonia Misión Cumbres. Humberto Leal se quedó a dormir en la casa de Diego. El jueves 2 de marzo, a las 04:00 horas, Diego Santoy despertó intempestivamente a su amigo y le pidió que lo llevara a la casa de su novia Erika, en la calle Monte Casino nº 2909, segundo sector de la Colonia Cumbres. Llevaba una mochila negra muy abultada. Aquí, las dos versiones de los jóvenes comienzan a variar. Según la versión de Erika, aceptada oficialmente, entre las 04:15 y las 04:30 Diego Santoy se embozó para aparentar ser un ladrón. Tomó los instrumentos que llevaba en su maleta negra.



Cronología del crimen (click en cualquier imagen para ampliar)


Entre las 05:00 y las 05:20 entró a la casa y cortó los cables del teléfono e hizo un recorrido por el interior de la vivienda.



Entre 05:20 y 05:40. Diego Santoy cortó los cordones de unas persianas de la sala.



Entre 05:40 y 06:00, Diego se fumó un cigarrillo. Tiró la colilla dentro de una cubeta.



Entre 05:50 y 06:10, subió a la planta alta de la casa. Allí estaban ubicadas las recámaras. Es sorprendente pensar que Diego Santoy hizo todo esto sin que nadie advirtiera su presencia. También es extraño que se haya puesto a fumar y nadie oliera el humo.



Entre 06:10 y 06:30 ocurrió el primer asesinato. Según su primera confesión y respaldado por las investigaciones posteriores, Diego Santoy atacó a Erik Azur en la cocina y le dio varias cuchilladas en la espalda y el cuello. El niño consiguió huir al cuarto de lavado, donde Diego Santoy lo remató, dejándolo sobre un colchón, envuelto en una cobija.



De acuerdo a la versión que daría Diego Santoy Riveroll tiempo después, Erika estaba muy enojada con su madre, Teresa Coss, y llena de odio en contra de sus dos medios hermanos. “Yo no lo hice, las cosas no sucedieron de esa manera, Erika estaba muy enojada con su mamá, estaba llena de odio hacia sus hermanos. No los soportaba y estaba molesta por cuidarlos, porque su madre salía mucho de viaje y no los cuidaba. Tenía que llevarlos a la escuela, tenía que recogerlos, tenía que dormir a Erik, sabía que entre ella y la sirvienta se hacían cargo de los niños, porque la señora siempre estaba de viaje en cuestiones de trabajo o con el novio y encima la señora tenía meses que quería tener otro hijo”.



Erik Azur


Relató que él y Erika estaban en la cocina de la casa cuando llegó el niño Erik Azur y le dijo a su hermana que se había orinado en la cama; molesta, Erika le propinó un golpe en la cabeza. Luego le lanzó una cuchillada: "Y me dijo; ‘si me quieres mátalo’. Pero yo no lo hice. Entonces ella tomó el cuchillo y lo mató”.



A las 06:30 horas, Catalina Bautista Juárez, la sirvienta de la casa, despertó. Fue al cuarto de Teresa Coss, la dueña de la casa y madre de Erika, quien no se encontraba en el domicilio. En ese momento, se dio cuenta de que un joven encapuchado, con guantes, le estaba apuntando con un arma. La amordazó y encerró en uno de los baños de la casa. Luego la cambió de baño.



Entre 07:45 y 08:15 horas, la sirvienta escuchó los pasos de María Fernanda, de tres años de edad, que se dirigía a la recámara principal, donde dormía su madre. Nunca la escuchó regresar. Según la versión oficial, Diego Santoy Riveroll la estranguló con los cordones de las persianas que había cortado un rato antes. Luego escondió el cuerpo en el clóset y lo cubrió con una cobija.



Diego Santoy argumentaría que después del primer asesinato, Erika y él se metieron a la recámara de Teresa Coss y se quedaron sentados por varios minutos. Entonces escucharon bajar a la niña María Fernanda. "Ahí estábamos sentados encima de un tendido en el piso a un lado del baño, estuvimos sentados ahí como diez minutos, empezamos a escuchar taconazos en los escalones de madera, Erika tomó una de las cuerdas e hizo un nudo en uno de los extremos, era un nudo abierto.



María Fernanda


“Bajó la hermanita y Erika se asomó por la puerta del cuarto y dijo: ‘Ven, beba, ven, te voy a enseñar un nuevo juego para que luego juegues tú, vamos a jugar al perrito’. Le dijo: ‘Ponte como perrito’. La niña se puso de rodillas con las manos en el piso. ‘Aquí tengo la correa’, le dijo Erika a la beba, se la pasó por la cabeza y se la puso en el cuello, y empezó a estirar con fuerza. Se sentó encima de la niña y siguió estirando mucho tiempo, la niña dejó de moverse. Erika se paró, levantó a la niña agarrándola del cordón y la metió al clóset, le quitó la cuerda y la tapó, le pusimos una toalla encima".



A las 08:30, Diego Santoy se encerró con la sirvienta en el mismo baño; acababa de llegar Linda Victoria Marente Méndez, la secretaria de Tere Coss, que trabajaba en una oficina instalada en la casa. Diego Santoy estuvo allí alrededor de una hora. Luego sale.



Para las 10:00, la sirvienta oye la voz de Erika que dice: “Ya te reconocí la voz, ya sé quién eres. Eres Diego”. Luego escucha que discuten en voz baja. Aproximadamente a las 10:10, Linda Marente vio a Erika Peña asomada a una ventana y conversó con ella; la chica no revelaba nada anormal e incluso recibió un recado de la secretaria.



Entre las 10:00 y las 10:20, Azura, la hermana de Erika, estuvo encerrada en su cuarto escuchando música en su laptop.



Entre las 10:02 y las 10:30, Diego llamó desde su teléfono celular a su amigo Humberto Leal; él le devolvió la llamada en dos ocasiones.



Entre las 10:30 y las 11:00, Diego Santoy atacó a Erika Peña. La golpeó cinco veces con un martillo en la cabeza y la hirió con una navaja en el cuello, antes de arrastrarla por la casa.



Según la cada vez más inverosímil versión de Diego Santoy, Erika le indicó: "’Seguimos nosotros dos’, y me dijo que me deshiciera de Caty, la sirvienta. Me quedé callado y nos quedamos sentados en la sala, pasó media hora, cuarenta minutos, y entramos al cuarto de su mamá. Tomó un martillo que estaba en un buró en el cuarto y dijo: ‘Seguimos tú y yo, necesito que me pegues muy fuerte’. Me puso el martillo en la mano. ‘Sí puedes, pégame fuerte’. Yo le dije ‘No, no puedo hacerlo’. Ella insistió en que sí podía. Cerré los ojos y le empecé a pegar unas cuántas veces y ya no pude seguir pegándole. Ella se recostó en el tendido y le pregunté: ‘¿Qué va a pasar conmigo?’ Me dijo: ‘Te puedes tirar de un puente’. Luego me dijo: ‘Necesito ver a Erik’, trató de pararse, la llevé caminando a la lavandería, se apoyó y se acercó mucho al oído de Erik y luego se dejó caer en el piso.



“La tomé de las axilas, debajo de los hombros, y la intenté cargar, entonces se sentó y la llevé sentada hasta el cuarto de su mamá, ahí la acosté en el tendido. Me dijo: ‘Necesito que te deshagas de Caty, no la vayas a dejar aquí, vete en mi carro’. Salí del cuarto de su mamá, entré al cuarto de Erika, busqué las llaves, tomé las llaves y salí del cuarto, bajé las escaleras, y entré otra vez al cuarto de la mamá de Erika.



Una de las heridas de Erika


“Le dije: ‘Me estoy arrepintiendo, voy a llamar a una ambulancia’, y me dijo que no, que me fuera, le dije: ‘¿Yo qué voy a hacer?’ y me repitió: ‘Tírate de un puente y no se te olvide llevarte a Caty. Pero necesito que termines conmigo también’. Saqué el cuchillo de mi bolsa y se lo encajé".



La versión de Erika Peña fue diametralmente opuesta a la de Diego Santoy: "Primero me atacó con un martillo. Me dijo que había matado a mis hermanos y a la sirvienta, que él había tomado un exceso de drogas y que le quedaba poco tiempo de vida. Se recostó a un lado mío y me pidió que lo dejara morir a mi lado. Media hora después, al darse cuenta de que su supuesto suicidio resultó fallido, me invitó a pasear, a lo cual me negué por la preocupación por ver a mis hermanos. Diego me pidió que lo matara con una navaja a lo cual me negué, a lo que me respondió: ‘Entonces yo te voy a matar aquí’. Me agredió en el cuello y el pulmón. Tardé mucho en desangrarme y él parecía tener prisa, me pisó el cuello y me navajeó el pulmón para que muriera más rápido".



Entre 12:00 y 12:30, Diego Santoy regresa al baño donde está la sirvienta. Ya no lleva máscara. Además porta una navaja ensangrentada y tiene sangre en la ropa y las manos. Deja libre a la empleada y después se despide de Erika, quien al parecer ya está herida. “Ya me voy, mi amor”, le dice. Luego mete a la sirvienta a la cajuela del automóvil Neón de Erika y se da a la fuga. Erika se acerca a Linda Marente y le pide ayuda; está sangrando abundantemente.








Lo siguiente que Diego declara continúa en un tono fantasioso: "Traía el cuchillo en la mano, me metí en el baño de visitas y con el mango le pegué dos veces en la cabeza (a la sirvienta) para despertarla. Abrió los ojos y con el cuchillo corté los cables que tenía en los pies para que pudiera caminar. Luego agarré una mochila que estaba al lado del baño, abrí la puerta, bajamos los escalones, ya le había quitado la cinta de la boca, llegamos al carro, abrí la cajuela y la subí a la cajuela, abrió la cochera y me fui. Marqué a la casa de mi amigo Humberto, me contestó y le dije que necesitaba un favor, que necesitaba ropa y fui para su casa".



El lugar del crimen


A las 13:00 horas, Diego llega a casa de su amigo Humberto Leal Molina, en la Colonia Chepevera. Allí le confiesa el crimen: “Me eché a dos, me eché a la hermana y traigo a la chacha en la cajuela. No sé qué hacer, voy a suicidarme”. Su amigo le presta ropa limpia, lo deja que se cambie y luego Diego se marcha sin que Humberto Leal avise a la policía. Sube al auto de Erika y se marcha.



Humberto Leal Molina


Para las 13:15, Linda Marente llama a la policía: “Hay una chica golpeada, tiene mucha sangre. Creo que fue su ex novio”, dice. Nunca menciona que los dos niños están muertos.



El traslado de los cuerpos


A las 14:00 horas, Diego Santoy deja libre a la sirvienta a dos cuadras de la Avenida Félix U. Gómez, en la Colonia Terminal, y la amenaza con matarla si lo delata. Después se fuga. A las 17:00 horas, la policía llega al domicilio de Humberto Leal y lo detiene.



Erika Peña es trasladada por los paramédicos


El viernes 3 de marzo a las 10:30 horas, la policía localiza el automóvil Neón en el cual huyó Santoy, en el cruce de las calles Vicente Suárez y Reforma, en la Colonia Modelo, a un lado de la escuela Álvaro Obregón. Para este momento, el joven es un prófugo. Su huida lo llevará a Zacatecas, Querétaro, Guadalajara y Oaxaca.



La policía localiza el automóvil abandonado



La búsqueda del doble homicida se extendió por todo México y Estados Unidos. Mientras tanto, más de cinco mil personas efectuaron una marcha denominada “Juntos en contra de la violencia”, en el centro de Monterrey. Portaron camisetas, pancartas y distintivos. La mayor parte de los que formaron parte de la marcha acudieron vestidos de blanco y resaltando la frase “No a la violencia”, portando instrumentos musicales, banderas, palomas y crucifijos.



La marcha contra la violencia



El lunes 6 de marzo a las 22:00 horas, Diego Santoy y su hermano Mauricio viajan de Huatulco a Salina Cruz, Oaxaca, en un autobús Estrella Blanca. Se van caminando a la terminal de Autobuses de Oriente (ADO), ubicada a tres cuadras. Abordan otro autobús. En un retén policíaco, son detenidos por la policía a las 22:30 horas, cuando viajan hacia la frontera para dirigirse a Guatemala. A las 23:30 son llevados a Tehuantepec y de allí los trasladan en una patrulla a la Ciudad de México. Entre sus pertenencias hay tarjetas de débito y crédito y una fotografía de Diego con Erika.



Las pertenencias de los hermanos Santoy


El martes 7 de marzo a las 09:00 horas, llegan a la capital mexicana. De allí los llevan en un avión hasta Monterrey. Aterrizan a las 10:25. Para las 11:55, Diego Santoy llega a las instalaciones de la Policía Ministerial, rodeado por agentes del grupo SWAT, de Seguridad Pública del Estado y de la Policía Federal Preventiva (PFP). Santoy hace su declaración ministerial, que concluye a las 18:30 horas, ante el Ministerio Público, área de Homicidios. A las 18:50 sale escoltado por cinco patrullas rumbo a la Casa del Arraigo, en Escobedo. Ingresa a las 19:10 horas.



El arresto de los hermanos Santoy Riveroll


El miércoles 8 de marzo, Mauricio Santoy Riveroll es internado en el Penal de Cadereyta, acusado de encubrimiento. Mientras, el padre de Erika Peña declara que, en un foro con astrólogos, él “presagió la tragedia de su familia”. Para entonces, Diego Santoy confiesa su crimen con lujo de detalles. Poco después, por consejo de sus abogados, se desdijo. Declararía ante los medios de comunicación que cuando lo arrestaron, fue torturado y presionado por los agentes del Ministerio Público para que se declarara culpable. "Me tenían esposado a una silla en una especie de auditorio, mientras varias personas me golpeaban y me daban su versión de los hechos, lo que yo debía declarar ante el Ministerio Público. Después me trasladaron a un cuarto que está en el techo, en el último piso de la Ministerial, me taparon los ojos con una venda, me abrieron una puerta de ese cuarto y se escuchaba que decían: ‘Vamos a tirarlo’, mientras jugaban con los gatillos de sus pistolas.



“Luego me volvieron a pasar al auditorio y el detective Florentino Martínez me dijo que me iban a pasar a declarar y podría estar mi papá o mi abogado. Después de eso me golpeó el estómago con mucha fuerza, me sacó el aire, me quitó los tenis y me puso una chanclas que le quitó a un pintor que estaba ahí, en la agencia, y luego me pasó ante el Agente del Ministerio Público, y cuando le solicité a un licenciado ver a mi papá, me dijo que no había llegado y no podía estar ahí. No me leyó mis derechos y no se presentaron conmigo los defensores de oficio para declarar".



El jueves 9 de marzo, Mauricio Santoy es consignado por encubrimiento. Mientras tanto, Diego involucra a su ex novia Erika y da detalles acerca de su huida en taxis, autobuses y hasta trailers. Hospitalizada, Erika Peña desmiente lo declarado por Diego Santoy.



Mauricio Santoy en la cárcel


El viernes 10 de marzo, Erika Peña declara que Diego Santoy cometió el crimen como una venganza porque ella no quiso reanudar su noviazgo con él. El sábado 11 de marzo, dictan auto de formal prisión con Mauricio Santoy por encubrimiento. Mientras, el director del Hospital Universitario declara que Erika está fuera de peligro.



El domingo 12 de marzo, Diego Santoy es sometido a pruebas para detectar si consumió drogas cuando cometió el crimen. Las pruebas arrojan resultados negativos. Los periódicos bautizan a Diego Santoy como “El Asesino de Cumbres”, en alusión a la zona donde vivía y en la cual cometió los asesinatos.



Diego Santoy tras las rejas





Para el 15 de marzo, la abogada Raquenel Villanueva Fraustro, célebre por sus controvertidos casos y por ser defensora de importantes narcotraficantes, anuncia que representará a los dos hermanos Santoy Riveroll.



Raquenel Villanueva Frausto, la controvertida abogada


El miércoles 15 de marzo, Erika Peña abandona el hospital por su propio pie. Va acompañada de su madre, Teresa Coss, quien declara que “pensaba que Diego quería mucho a Erika”. Agradece a la opinión pública por estar al pendiente del caso.



Erika Peña sale del Hospital Universitario


El jueves 16 de marzo, a las 15:35 horas y tras pagar una fianza, Mauricio Santoy abandona el Penal de Cadereyta. El viernes 17 de marzo, a las 10:48, el padre de Diego lo visita en la cárcel; lo acompaña Mauricio.



Mauricio Santoy abandona la prisión


Repiten su visita el sábado 18, cuando le llevan a Diego un ejemplar del Código Penal. El domingo 19 de marzo lo visitan sus padres y su hermano.



Los hermanos Santoy Riveroll


Días después, las madres de Diego Santoy y Erika Peña se demandaron penalmente y de forma mutua por amenazas e injurias, tras enfrascarse en una discusión en la Avenida Gonzalitos, en Monterrey.



Diego Santoy con su abogada


El abogado de la familia Peña Coss, Roberto Carlos Flores, calificó las declaraciones de Diego Santoy como ridículas. "No existe otra forma de describirlo". Diego Santoy enfrentó cargos por los delitos de homicidio calificado, homicidio calificado en grado de tentativa, robo y privación ilegal de la libertad en su carácter de secuestro.



El careo entre Diego Santoy y Teresa Coss


La opinión pública, sin embargo, también se puso en contra de Erika Peña y de su madre, Teresa Coss. Era patente la frialdad con la que trataban el asunto y parecían más preocupadas por las locas historias sexuales que contaba Diego Santoy sobre ellas, que por el asesinato de los dos niños, el cual poco a poco se iba diluyendo en un mar de declaraciones escandalosas.



También los medios criticaron que, siempre que aparecían en público, parecía que se dirigían a una pasarela en vez de a un proceso por homicidio. Cuidaban su imagen al extremo y muchos llegaron a decir que Diego Santoy no era más que la víctima de un par de vampiresas.



Pasaron diez meses y veintitrés días hasta que Diego y Erika volvieron a verse, durante un careo. Erika sólo tuvo gestos de desprecio hacia él, mientras Diego no dejaba de mirarla con ternura.



La joven sostuvo en todo momento que Diego Santoy era el único responsable del doble crimen, así como de las heridas que le ocasionó a ella.



"La que está mintiendo eres tú y ya me cansé de tener que quedarme así, y ya me cansé de esto, yo no me voy a pasar todo el resto de mi vida marcado porque no quieres aceptar lo que tú hiciste", sostuvo Diego Santoy ante Erika.



El careo entre Erika Peña y Diego Santoy


"¿Por qué estabas enojada con tu mamá? ¿Te dolió mucho enterarte de que estuve con tu mamá? Tú estrangulaste a tu hermanita, acuchillaste a tu hermano. ¿Qué sentías mientras le encajabas el cuchillo en la espalda y el cuello?" A lo que Erika respondió: "Mi mamá jamás estuvo contigo. Y yo no pude haber hecho eso a mis hermanos. ¡Te metiste a mi casa a matarme, mataste a mi familia!"



"Vengo a decir toda la verdad a este asesino. Tú eres el único responsable de la muerte de los niños de la señora Tere, te sorprendí en la sala de la casa, me amenazaste con una pistola, dijiste que no gritara o me matarías", fueron las palabras de la sirvienta Catalina Bautista Juárez.



Catalina Bautista Juárez, la sirvienta secuestrada


Al ser cuestionada por los medios de comunicación con relación a que si la habían aleccionado y que si sentía temor al volver a ver al doble homicida señaló: “Nadie me aconsejó, yo fui la única que viví horas de angustia y de terror. Milagrosamente estoy ahora con vida”.



La reconstrucción de hechos



En la parte exterior del Juzgado, los amigos de Diego Santoy desplegaron mantas de apoyo al asesino. Otros desplegaban pancartas donde lo llamaban “Asesino de niños”.



Las protestas contra “El Asesino de Cumbres”










Por su parte, Teresa Coss remodeló y posteriormente vendió la casa donde ocurrieron los homicidios. Ella y sus hijas se fueron a vivir al extranjero.



Erika con su familia durante el juicio de Diego Santoy


Mientras tanto, el 24 de noviembre de 2008, Diego Santoy reveló a los medios que tenía una nueva novia a la que inclusive le entregó un anillo de compromiso. Se trataba de una chica de veinticuatro años que lo visita en donde se encuentra recluido. Ella sostuvo una relación amorosa con Diego antes de que éste conociera a Erika Peña y se obsesionara con ella.



Azura Peña Coss y León, hermana de Erika


Otra noticia que también ocupó los titulares en el caso Santoy Riveroll fue un supuesto complot para asesinarlo. De acuerdo con la versión de un reo, recluido en el mismo sitio en donde se encuentra Diego, el abogado de la familia ofreció a un grupo de presos un millón de pesos a cada uno para dar muerte a Diego.



Caricatura sobre Diego Santoy


Lo más escandaloso fue el asesinato de su abogada, Raquenel Villanueva Frausto, en una plaza comercial de Monterrey el 9 de agosto de 2009; la abogada, célebre por defender narcotraficantes, había sufrido cuatro atentados previos.



El asesinato de Raquenel Villanueva


Diego Santoy Riveroll fue trasladado del penal de Cadereyta al de Topo Chico. Allí siguió esperando su sentencia. Tras su traslado a otra prisión, Diego Santoy comentó en una entrevista: “Mis días consistían en actividades normales, me despertaba alrededor de las 05:30 de la mañana, me daba un baño y me vestía, desayunaba y me dirigía a mis clases, conversaba con mis amigos y de regreso a mi casa. Comía con mi familia, adelantaba tareas y trabajos, dormía un rato, veía mis programas favoritos, jugaba Play Station con mi hermano.



El traslado



“Las noches se las dedicaba principalmente a Erika, con ella cenaba, convivía con su familia, veíamos la tele, platicábamos de nuestros días, cosas que nos preocuparan, en fin, de todo. Me despedía y me encaminaba a mi casa, donde al llegar sabía que mis padres estarían esperando para desearme buenas noches y de ser posible conversar un rato conmigo.



La entrevista


“Un día ordinario, eso ya no existe para mí, ¿o sí? Últimamente mis días han sido de todo menos eso, pero quedan los recuerdos, eso nadie me los puede arrebatar. Sólo queda la esperanza y el sueño de que un día pueda recuperar todo aquello de lo que me encuentro privado por el momento”.



Cuadro sinóptico sobre Diego Santoy Riveroll (click en la imagen para ampliar)


En octubre de 2010, finalmente se dictó sentencia contra Santoy: fue hallado responsable de los delitos de homicidio calificado por cada menor, homicidio calificado en grado de tentativa, secuestro y robo de auto. Del total de la sentencia, el joven recibió 40 años por el homicidio de Erick Peña Coss; 32 años por el homicidio de María Fernanda Peña Coss; 30; por la privación de la libertad de la empleada doméstica Catalina Bautista; 10, por robo; 16 años por el homicidio, en grado de tentativa, de Erika Peña Coss; y 9 años y seis meses por la agravante del delito de robo. En total, se le dictaron 137 años con 6 meses, así como el pago de una indemnización de $300,00.00 pesos para Erika Peña Coss.



Diego Santoy Riveroll escuchando la sentencia



El juzgador determinó que en este caso, el infanticida tuvo como agravantes la planeación del crimen, la superioridad física y la confianza que tenía en él la familia, que le permitía ingresar a la casa por el noviazgo que sostenía con Erika. De inmediato, su abogado anunció que apelaría. Pese a la sentencia dictada contra Santoy Riveroll, éste sólo pasará en prisión un máximo de 40 años, debido a que en el momento en que se cometieron los delitos, era el tiempo máximo que podía permanecer encarcelada una persona en el estado de Nuevo León y hay que descontar los años que Santoy lleva en prisión esperando sentencia.






VIDEOGRAFÍA:

Diego Santoy en La Historia detrás del Mito
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Diego Santoy regresa a la escena del crimen
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"El Asesino de Cumbres" (cortometraje)
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"So violento, so macabro" - Panda
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BIBLIOGRAFÍA:









FILMOGRAFÍA:

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